lunes, 4 de noviembre de 2013

El ilusorio subempleo

No hace falta ser Aristóteles para darse cuenta o que el movimiento obrero tenía razón al pedir la reducción de la jornada de trabajo, o que quienes tienen razón son los adalides del subempleo que abogan para que se trabaje más horas. Una cosa o la otra, pero no las dos juntas.


El Dínamo
La corriente de optimismo desatada por la baja cifra de desempleo contrasta con la recurrente crítica que acusa de autocomplacencia a la autoridad, y llama a la opinión pública a ponerse en alerta ante la “nueva” cuestión social, uno de cuyos síntomas principales sería el “subempleo”, ¿existirá tal cosa?

Veamos. Cuando hablamos de subempleo, se representa una situación en que los trabajadores actualmente empleados no han logrado colocarse por una cantidad suficiente de horas, quedándoles un diferencial entre las horas contratadas y las más que están en condiciones de trabajar. En otras palabras, se critica que la economía es incapaz de absorber a estos trabajadores con empleos de mayor jornada.

Ahora, si consideramos que una de las conquistas sociales más sentidas por el movimiento obrero es la reducción de la jornada de trabajo, la idea de una explotación por poca jornada resulta contradictoria. No hace falta ser Aristóteles para darse cuenta o que el movimiento obrero tenía razón al pedir la reducción de la jornada de trabajo, o que quienes tienen razón son los adalides del subempleo que abogan para que se trabaje más horas. Una cosa o la otra, pero no las dos juntas.

Lo cierto es que la razón la llevan los trabajadores y el subempleo es mera ilusión. El trabajo desde su propia etimología (tripalium, una forma de tortura) alude a una desutilidad. El trabajo productivo no es deleite, a guisa de un deporte u otro pasatiempo; las personas se someten a la penuria del trabajo porque es un medio para conseguir otras cosas que valoran más, no por el trabajo en sí mismo. Esta realidad la pasan por alto los teóricos del subempleo, para ellos el problema es que los trabajadores se emplean pocas horas por culpa de un “modelo” económico que permite la contratación por jornada parcial, y en ese afán crítico confunden trabajo productivo con pasatiempo.

Como nunca ha formado parte de las reivindicaciones laborales el emplearse por muchas horas, la idea del subempleo se mueve con el atolondramiento de quien intenta forzar una puerta abierta (de hecho, la necesidad de reducir la jornada para conciliar la vida familiar y laboral es uno de los tópicos más recurrentes en el estudio de las relaciones laborales de hoy). El verdadero problema del trabajo en Chile es de productividad, o sea, cómo conseguimos trabajar lo mismo o menos y cobrar más, ¡no en sumar más horas a la jornada!
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