jueves, 26 de diciembre de 2013

El polémico proyecto que empeña el Hospital Clínico de la Universidad de Chile

Aprobado en el Consejo Universitario, ahora está en manos del Senado Universitario aprobar o rechazar el “empeño” del Jota Aguirre a una entidad bancaria, en un proceso llamado leaseback. Resistido por estudiantes y académicos, el modelo busca salvar al centro de una profunda crisis, que arrastra una deuda a la misma universidad y que podría dejarlo sin acreditación de la Superintendencia de Salud, lo que impediría atender pacientes Auge y sepultaría aún más al centro de salud que genera más especialistas en todo Chile.


The Clinic
Una hipoteca. Así es considerado el polémico proyecto que vende el Hospital Clínico José Joaquín Aguirre de la Universidad de Chile a una entidad bancaria, que ya fue aprobado por unanimidad en el Consejo Universitario y que el jueves pasado se presentó al Senado Universitario.

Una iniciativa impulsada por la rectoría y vicerrectoría de Asuntos Económicos de la Casa de Bello, resistido por gran parte de la comunidad universitaria que considera una privatización directa de una institución que es parte dependiente de la universidad más importante de Chile, la Casa de Bello.


Una medida que busca taponear la profunda crisis que arrastra el centro hospitalario desde hace varios años y que además busca conseguir la acreditación  de la Superintendencia de Salud el próximo año, que de no lograrse dejaría al Hospital sin permiso para prestar servicios Auge. Una situación que lapidaría definitivamente al Jota Aguirre.

Leaseback

La resolución del 10 de diciembre pasado fue considerada como un martes negro para el “Jota”. Ese día el consejo universitario aprobó el proyecto de leaseback, un método en el que la universidad vende el hospital -o una parte de él- y luego se lo arrienda pagando en cuotas el dinero prestado, con intereses. Con ese modelo, si la institución no cumple con los pagos en el plazo acordado el inmueble queda en manos del banco.

A pesar de eso, los integrantes del Consejo -liderado por el rector Víctor Pérez y que integran los decanos de las 14 facultades de la universidad, un representante del Presidente de la República y representantes de trabajadores y estudiantes- decidieron aprobar la moción y dejarla lista para que sea aprobada definitivamente por el Senado Universitario.

El acuerdo implica una venta completa del hospital por un monto de 53 mil millones de pesos -a una entidad bancaria vía licitación-, para luego volver a pagar de dos formas: con cuotas de 5.280 millones anuales por 15 años o cuotas de 4.435 anuales por 20.

La medida tiene una meta inmediata: para julio de 2014 debería resolverse la Garantía de Calidad Auge de los centros de prestación de servicios, que permite atender a las personas que tienen alguno de los 69 problemas Auge.

Un problema mayúsculo que implicaría perder buena parte del financiamiento y de los pacientes para seguir formando especialistas, uno de los puntos más importantes de la Universidad de Chile y de la red asistencial completa del país.

El caso no es el primero. En febrero de este año, la Pontificia Universidad Católica selló un acuerdo para la venta del 40% de su red de salud a la transnacional Christus Health, dejando al HCUCH como el único centro hospitalario bajo el alero de un plantel universitario.

“Es imposible mantener un hospital sin estar coludido con la red de isapres. Por eso, esto también tiene que ver con la lógica de autofinanciamiento y de abandono del Estado a las universidades públicas, porque el Hospital Clínico de la Chile tiene una lógica docente y no lucrativa”, dice la presidenta Fech.

Según Sepúlveda, “no tiene sentido darle una solución económica solamente a ese hospital, sino que esto debe ir a aparejado a un proyecto de desarrollo para saber qué se quiere hacer con ese hospital. Eso, sumado a que vuelva a la red de asistencia pública y cumpla su rol al alero de la universidad”.

Modelo crítico

El jueves pasado el propio vicerrector de Asuntos Económicos, Francisco Martínez, fue quien explicó los alcances del proyecto, ante una sesión llena de espectadores y donde intervinieron varios actores de la comunidad. Se leyó en ella una declaración pública de estudiantes, trabajadores y académicos en contra del proyecto, al que acusan de privatizar el hospital de la U.

“Declaramos que la propuesta, además de ser una operación financiera que apunta a la indirecta privatización del Hospital, carece del sustento de un detallado plan de desarrollo y de una exhaustiva evaluación económica y de viabilidad, que anticipe la generación de suficientes recursos de amortización que garanticen la recuperación del inmueble, lo que pone en riesgo el patrimonio de todos los chilenos y afecta profundamente la misión institucional”, dice el comunicado.

Más allá de la discusión en el Senado Universitario, el problema del Jota Aguirre se arrastra por años. La crisis tiene como punta de lanza una deuda de alrededor de 50 mil millones de pesos, monto muy cercano al que se tramita con la entidad bancaria que lo adquiriría.

“Esta crisis está en el marco del modelo de autofinanciamiento al que hemos estado sometidos en las últimas décadas. Si bien la situación es bastante urgente y crítica para el hospital, pero hoy hay un nuevo escenario con el gobierno de la Presidenta Bachelet, donde tenemos más posibilidades de avanzar en mejores tratos para la universidad de Chile”, dice la decana de Medicina de la Chile, Cecilia Sepúlveda.

Perteneciente a la Casa de Bello, es financiado apenas con un 5% de su presupuesto anual por la propia universidad. El otro 95% es puro autofinanciamiento. De ahí, la importancia por acreditarlo con la Garantía de Calidad del Auge que administra la Superintendencia de Salud.

Actualmente, el Jota Aguirre funciona con un sistema “mixto” desde mediados de los años noventa, cuando dejó de formar parte de la red pública de salud, en 1994. Es decir, funciona y compite con otros prestadores de servicios como una clínica privada, pero manteniendo una estructura y administración de servicio público.

Por esta razón, tanto estudiantes, académicos y funcionarios consideran que el desarrollo de este hospital debería estar aparejado a un acuerdo entre el Ministerio de Salud y la propia Universidad de Chile.

Autofinanciamiento

La idea, aseguran, es que el hospital se transforme en un centro de innovación al servicio de los sistema de salud del país, como un centro de Alta Complejidad donde se mezcle la docencia y la asistencia al público.

Esa meta ya tuvo un primer paso. En el presupuesto 2014 de Salud se logró incluir una iniciativa, impulsada por la Decana Sepúlveda, que faculta a los Servicios de Salud a derivar pacientes al Jota Aguirre cuando estos lo requieran o su capacidad de atención se vea sobrepasada.

La medida busca que el Hospital tenga un trato similar al de otros establecimientos públicos autónomos de salud, como los de las Fuerzas Armadas y Dipreca, permitiendo que los servicios de salud realicen compras directas cuando lo requieran y así el “J” no se ve obligado a competir en desigualdad de condiciones con las clínicas privadas.

Además, según cuentas fuentes internas de la universidad, la aspiración es que durante el próximo gobierno al Hospital se le reconozca el carácter público de manera absoluta y así vuelva a integrar la red de salud, para prestar un servicio mejor a la población de los pacientes de la zona norte.

De hecho, el jueves pasado se leyó una carta de Karol Cariola, diputada electa por Recoleta e Independencia -comuna donde se encuentra el hospital-, en el que se comprometía a impulsar un proyecto para recuperar el HCUCH. De hecho, el hospital es nombrado en el programa de gobierno presentado por la presidenta electa, Michelle Bachelet.

Con todo, la resolución será motivo de debate en los próximos días, cuando el Senado Universitario decida aprobar o no el proyecto, ya que mantener la deuda del Hospital puede arrastrar a la universidad, ya que su financiamiento podría servir para alrededor de 2 de las 14 facultades.
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